DIA 1734: Al volver la esquina


Ella comenzó a trabajar en el centro de la ciudad. Habituada como estaba a utilizar siempre su coche “para todo” tuvo que cambiar sus hábitos de traslados para adaptarse al transporte público. Poco a poco no solo se acostumbró sino que le tomo gusto a eso de que la llevaran a todo sitios sin tener que gastar ni un ápice de energía, ni perder su tiempo en atascos, averías, echar gasolina, limpiar el coche… cosas que odiaba sobremanera. Además, de nuevo, la música había entrado en su vida. En su Iphone llevaba sus canciones de toda la vida, se ponía sus cascos y dirigía sus pasos en línea directa hasta la estación de Gran Vía. Mientras en el tren, leía, preparaba su agenda, hacía fotos, escribía versos, observaba a los pasajeros, les construía historias, les solucionaba la vida sin ni tan siquiera conocerlos. Había encontrado una nueva versión de vivir su vida cotidiana.

Ajena a esto un hombre que también recien había cambiado de vida bajaba a desayunar al Starbucks de la calle Alcalá todos los días. Había recibido un fuerte suma de dinero de una herencia. Toda su vida la había pasado trabajando muy duro. De repente, un día, como en la películas resulta que le comunican que una tía suya rica le dejaba una verdadera fortuna, tan inmensamente grande que le daba para vivir el resto de su vida sin trabajar. Los primeros meses los pasó celebrando con los amigos, familiares… luego liquidó sus deudas. Luego, comenzó a viajar de aquí para allá. Pero, pasado un tiempo… decidió sentarse a contemplar la “vida pasar”.

Es por eso que todas las mañanas entorno a las 9 de la mañana se sentaba en el sofa verde de la esquina del establecimiento con su capuchino y algún dulce. Se dedicaba a leer, preparar su agenda, hacer fotos, escribír versos, observar a los transeuntes, les construía historias, les solucionaba la vida sin ni tan siquiera conocerlos…

Y fue que en un día de tantos, pero este el más especial que jamás recordara vio que volvía la esquina una mujer. Larga melena rubia, alta, delgada, con unos taconazos de escándalo y un vestido vaporoso. Sonrisa amplia que llenaba todo su rostro y se movía como trasladada por un ritmo inusual, no andaba como las demás personas que todos los días observaba. Andaba como bailando, ¡sí! caminaba y bailaba y sonreía. ¡Claro!_ pensó_ “es que lleva puestos los cascos y de veras la música ha entrado en su vida”.

Fue entonces y solo entonces cuando comenzó a construirle la historia a la que decidió llamar “la chica de los andares danzarines”. Porque resultó que día a día le sorprendía con un nuevo paso de andares. ¡Claro! pensó, cada día lleva una canción diferente. Pero, siempre, siempre, siempre llevaba puesta la misma sonrisa.

Así pasaron los meses… De lunes a viernes al volver la esquina estaba él, esperándola a ella aparecer con su paso firme y seductor. Siempre la misma larga melena ondeando al compás de su música y con la brillante sonrisa.

Y fue que un día de tantos, aún más especial que el que jamás creía recordaría, ella por fin de nuevo, como siempre a las 9.55 horas emergió de la esquina de siempre. Larga melena rubia, alta, delgada, con unos taconazos de escándalo y un vestido vaporoso. Pero, hoy ¡no! no había ritmo, no bailaba y no sonreía. Sin embargo, sí llevaba puestos los cascos.

¡No puede ser!, mi chica danzarina, ¡no! que le habrá pasado, tiene que ser algo terrible, tantos meses observándola feliz, y… todo esto fue un pensar rápido, fugaz… como cuando tienes un accidente de tráfico que el tiempo se ralentiza dándote la oportunidad de salir al paso de cualquier circunstancia horrible. Y así fue como se levantó despavorido, corrió a su encuentro, la detuvo en medio de la calle Alcalá, gracias a Dios el semáforo se confabuló con su ansiedad y de pronto cambió a rojo. Se puso a su lado,  la tocó el hombro para llamar su atención y la miró a los ojos.

– Hola, soy Jorge, me preguntaba si podrías decirme que canción vas escuchando que ha sepultado tus andares danzarines y ha borrado tu sonrisa.

– Pues… escuchaba ¿Do you really want to be in love?, de…

A ella no le sorprendió que un extraño le asaltara en medio de la calle, ni tan siquiera le sorprendió la pregunta. En realidad, ella había sentido su mirada todos los días que volvía la esquina, ella había deseado todos los días que lo que estaba sucediendo pasara, ella sabía que el destino le estaba construyendo una bella historia de amor. Lo que si le sorprendió que el día que había perdido la esperanza y se andaba preguntando si de verás quería enamorarse, el amor apareceriera así de esa manera… tal cual lo había imaginado.

Love is love… El amor es eso… Amor.

Anuncios

4 Replies to “DIA 1734: Al volver la esquina”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s