DIA 158: Amor de dios


Mis pies pisaban la arena de la playa sonrojada por el reflejo del atardecer. El sol ya se iba por hoy, la tierra había cumplido el giro a su alrededor y el día toca a su fin. Y fueron aquellos últimos rayos, casi divinos, los que me trajeron la imagen de aquel muchacho, diferente a todos y insultantemente perfecto.

Tomó mi mano y yo la suya, arrastrada por un no se cómo explicar y el resto ya no importa porque para siempre me sentí acompañada aunque el un día se iría. Era inevitable, sus obligaciones con el Olimpo le llamaban y yo no era quién para retenerle a mi lado.

Tras nuestro encuentro y varias semanas de convivencia en el paraíso me dijo: preciosa mortal de nuestro amor nacerá un hijo, un semidios que deberás cuidar por siempre, yo he de partir, nuestros caminos terrenales se separarán en este mismo instante… pero siempre permaneceremos unidos.

Y yo le creí porque era el primero, porque resultó ser el verdadero. Y de nuestro amor nació Perseo, hijo de Poseidon, y yo le cuidé hasta que su padre vino a buscarnos y nos llevó al Olimpo a vivir con él. Zeus había dado permiso a los dioses a recoger a sus hijos y vivir por siempre felices.

Nunca conté mi historia a nadie porque nadie la creería, pero así fue, mi primer amor fue y es un dios del Olimpo Griego, mi dios, mi vida… mi primer amor.

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