DIA 130: Mi primer y único amor, era ella.


Tenía ganas de contar en voz alta y gritar a los cuatro vientos mi historia de amor. Eramos vecinas… y aunque yo no tenía muy claro porqué, me gustaba levantar las persianas para limpiar los sábados por la mañana. Me gustaba ver que las de su casa estaban de par en par igualmente abiertas. Y todas las mañanitas, ese saludo necesario, inmenso…

–       Buenos días…

–       Buenas, niña… ¿qué tal?

Con el tiempo se me iba haciendo cada vez más necesario saludarla, sonreirle y encontrármela en el super, en la pescadería o en la peluquería de la Dolores. El barrio era pequño y nos conocíamos todos. Cuando tenía dieciocho año decidí sacarme el carnet de conducir y claro… la única auto-escula del barrio estaba llena de vecinos para motorizarse.

No tenía más remedio que encontrármela, y me gustaba, claro que me gustaba… Manoli, mi vecina Manoli, que sin dame yo cuenta o sin querérmela dar, se fue haciendo cada vez más y más importante. Pensaba que la quería mucho como amiga, que me caía bien… que era guapa y simpática, solo debía ser eso por aquel entonces y en el barrio. ¡Uf!… cualquiera sacaba los píes del tiesto en los ochenta.

Azur de Puig, fresquita, era su colonia. No lo olvidé nunca, se sentaba a mi lado en la auto-escuela, hacíamos los test, acudíamos a las teóricas juntas, nos corregíamos los ejercicios, sin sospechar yo lo más mínimo, pero esperándolo, ¡oh, sí!… esperándolo con todo mi ser, pero también cayándolo en silencio… un silencio pesado de cada día que me mataba de vergüenza, si llegara a mirarme con repulsión, me moriría.

Aquella tarde nos reímos juntas y bromeábamos sobre la guardia civil y las multas… y yo le dije:

–       Manoli, ¿te imaginas que te para un guardia civil alto, rubio, buenorro y te perdona la multa si liga contigo? _Manoli, me miro y me dijo.

–       Chari, preferiría que fuera una guardia civil y si se parece a ti, mejor que mejor.

Nos miramos, me dio un vuelco el corazón y comprendí que no tenía que esconder más mi amor, Manoli se me había declarado y yo me moría de amor. ¡qué suerte!. No había besos en público por aquel entonces, pero me hubiera encantado besarla entonces como la beso hoy… para que todo el mundo lo supiera.

Manoli se casó conmigo hace año y medio… llevamos casi veinicinco años de complicidad, cariño y mucho, mucho amor… ¡Ah!, soy Chari, la eterna enamorada de mi vecina Manoli.

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