DIA 125: Solo nos amábamos por carta…


Tenía trece años, y nada que ver con las niñas de esa edad de ahora. Era inocente y soñadora y nunca me había fijado en ningún chico, pero ellos comenzaron a fijarse en mi. Mi colegio era de religiosas y solo íbamos niñas, pero justo enfrente había una parroquia con un centro para niños y niñas al que empezaron varias amigas a ir los sábados.

Allí nos reuníamos para hacer excursiones, convivencias, juegos… y demás. Los grupos eran mixtos (una novedad para mi) y entre todos había un hico que se llamaba Jaime, rubio, ojos verdes, muy finito… la locura de TODAS las chicas, de todas, todas… Yo era una muchacha fuerte, desarrollada, alta y me consideraba un poquito brutota, jamás le miré, primero porque no era mi tipo y segundo porque estaban TODAS loquitas.

Que si Jaime por aquí, que estaba por alguien, que si seré yo, que si será esa… bueno una locura. Yo normalmente era amiga de todo el mundo, pero intentaba desmarcarme del grupito de las “guays”, porque a veces hacían comentarios un poco despectivos hacia otra serie de niñas menos populares. A mí eso me fastidiaba tanto que cuando “atacaban” a una, yo automáticamente, me hacía amiga suya, por fastidiar más que nada. Ya por entonces tenía un sentido protector hacia las más débiles o menos agraciadas, o que suspendían más… Mi amiga del alma era Esther, a la que habían dado de lado porque era un poco “adelantadita” para su edad, y hablaba de cosas que a las demás se les escapaba un poco… Una de esas tardes de sábado que fui al centro, se armó un  revuelo tremendo, Jaime se iba a declarar a una chica… yo pase una tarde bastante normal, sin prestar ninguna atención, en un momento dado a última hora de la tarde detecté que Jaime me miraba con insistencia, como si quisiera decirme algo, yo le miraba extrañada… pero no pasó nada.

De camino a casa mi amiga Esther me dijo:

-“Lupe, ¿sabes que le gustas a Jaime?”.

-¿Ehhhhhh?? ¿qué dices? –contesté yo.

-“Sí, si te lo juro, me ha dicho que te diga que le gustas”.

-Anda ya ,tía ,no me hagas bromas, que no me gustan y me voy a enfadar… ¡para ya!.

-Lupe, ¡te juro que me lo ha dicho!.

-Bueno, vale, ya se verá…

El lunes siguiente en clase, Jaime no me quitaba ojo, me miraba y ponía unas caras… Yo, por dentro me reía… con un gustito… ¡je je je!. La primera carta la recibí al siguiente sábado, se la entregó en mano a mi amiga y ella me la dio a mi, era una carta de amor preciosa, me decía unas cosas dulcísimas, y poco a poco, carta a carta… empecé a verle de otra manera, me enamoré de él. Luego siguieron otras muchas y yo comencé a contestarle.

Estábamos tan enamorados… y yo tan feliz… que no se me ocurrió otra cosa que llevar las cartas a clase para que mis amigas compartieran eso conmigo. ¡Ilusa de mi!. Yo casi no hablaba con él, ya que me daba mucha vergüenza, mis labios se negaban a emitir cualquier sonido parecido a ninguna palabra y me quedaba como helada, cuando estaba junto a él…  simplemente no podía, sólo hablábamos por carta. Y llegó un  buen día que él me dijo a través de mi amiga que yo me estaba riendo de él, que llevaba las cartas a clase para reírme, y que mientras estaba con él, me gustaban otros tantos chicos… tras esa llego otra en la que me decía lo mismo y que estaba muy dolido conmigo. Me enumeraba el nombre de un montón de chicos, conocidos y hasta desconocidos por mi. Yo me sentí indignada por tantas mentiras y adiviné que el grupito de las “guays” se había encargado de envenenar al pobre Jaime.

¡La puta envidia!, el deporte nacional de este país, todavía no había sentido su crudeza. Lo peor fue que justo esa semana se acababa el colegio y yo me iba de viaje de fin de curso. Al volver me fui con mis padres de veraneo, fuera de la ciudad. No le llamé, ni le escribí, me sentía vacía y defraudada, ¿como había pasado de pensar de mi que era la muchacha más maravillosa del mundo?… a que le había mentido y reído de él con alevosía. ¿Mentido?, yo… la mentira era una de las cosas que nunca toleraba, ni aún hoy lo hago.

Se acabó, no supe más de él, en pocos meses cambié mi domicilio y ciudad por circunstancias de la vida, acabando con todos los nudos que me ataban a mi infancia. Empecé superfeliz en otro lugar, nuevos amigos, mis amores reales… pero siempre me he preguntado que habría sido de él. Hasta que un buen día, entre en Google y cliqué su nombre. me <http://nombre.me&gt; y salió su domicilio, teléfono, dónde trabajaba… y luego lo busque en Facebook, allí no estaba, pero sí una hermana suya.

Así que le mandé un mensaje diciéndole un poco quién era yo y por supuesto me interesaba por su hermano… ¿qué había sido de su vida?… Averigüé que tiene novia, pero no debe haber encontrado el amor o eso me pareció. Está dedicado a su trabajo, una gran empresa y le dijo a su hermana que se acordaba vagamente de mi. No se molestó ni en preguntarme nada de cómo me iba la vida, ni nada, según él se hacía “una ligera idea de quien era”. No se si lo hacía por no volver a sufrir o realmente había conseguido olvidarse de mi. ¿Quién sabe?, no se si dejó su carta en la vida para jugarla a ser feliz o quizá así haya encontrado así la felicidad, no lo sé, pero a mi me da un poco igual.

Yo tenía esa espina clavada, ya que quedé como una mentirosa y eso siempre me dolió. Simplemente, mirando en la distancia y desde la madurez, me hubiera gustado aclarar las cosas, que en realidad, mirándolas desde la perspectiva actual fueron “niñerías”. Pero, puedo decir que soy una persona FELIZ, con mi vida, mi trabajo, mi familia… me siento totalmente realizada y él … mira todavía no ha encontrado su “gran amor”. Me alegro que pasase porque no daba la talla, todo pasa por algo, nada es casualidad. O mi otra teoría, no quiere volver a sufrir si sabe de mi, ¿quién sabe?.

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