DIA 120: Agridulce amor…


No me he vuelto a enamorar de esa manera. Tan dulce, y tan agria a la vez… tan llena de felicidad y de tristeza al mismo tiempo. Por mucho que le intente olvidar nunca podré. Sus posos quedaron flotando en tantos momentos, que el recuerdo se hace interminable. Eso me contaba mi amiga Amanda.

En realidad, no tengo mucho que contarte Eva, no fue el mío un amor de caballeros y princesas, de esos que tienes en tu blog, ni en plena gran sabana, ni en el callejón del beso de Guanajuato, ni en el Interrail, mochila a cuestas… No fue nada del otro mundo, ni nada especial, fue eso mi primer amor que nunca podré olvidar, aunque me sobren razones, porque fue la persona que más me hizo sufrir, pero que también me hizo tan feliz…

Íbamos al mismo colegio, el era el “guapete” de la clase, el más canalla, el tipo duro del lugar. El capitán del equipo del fútbol, el jefe de la pandilla de los “sharp”, se daban importancia poniéndose un nombre en inglés, tu verás… Todas estábamos loquitas por él, y yo la verdad es que nunca aspiré a su conquista.

Pero, algo había y yo lo sabía. Cuando se formaban los equipos para jugar a el pañuelo a churro, siempre me cogía a mi la primera. En clase siempre se ponía en mi equipo para hacer los murales y trabajos conmigo. Siempre que había que hacer algo en equipo el elegía estar en el mío. Cualquier oportunidad de estar a mi lado, y rozarnos o esas miradas furtivas, alimentaban su vida, como más tarde me confesó.

Llegó entonces la etapa agridulce, coge y se pone a salir con mi mejor amiga, ella encantada, claro, además no sabía nada de lo que yo sentía por él. Yo no iba a ser menos, me puse novia de su mejor amigo.

¡Era terrible!, salíamos los cuatro juntos, y resulta que a ninguno de los dos, nos gustaban con los que estábamos. Así se pasaron unos meses hasta finalizar el instituto, y llegaron las vacaciones. Cada uno de nuestros respectivos se fueron en julio con sus familias y nosotros nos quedamos los dos solos en el barrio. Y pasó lo que tenía que pasar, nos pusimos a trabajar los dos en una pizzería para sacar unas pelillas para agosto, y una tarde al salir no pudimos evitar el encuentro.

El beso que nos dimos fue eterno, era algo que llevábamos esperando tanto tiempo que la concentración de pasión e intensidad fue algo que no podremos olvidar ninguno de los dos. Como estábamos trabajando y teníamos dinero, no paramos en todo el mes de julio. No dejamos ni un solo rincón de Madrid vivo, museos, el zoo, las piscinas, el Retiro, el Parque de Berlín… paseamos nuestro amor por todos los rincones de la capital, fue un dulce mes de julio. Agosto lo pasamos echándonos de menos cada uno con sus familias de vacaciones, lo cual, al menos en mi, hizo más mella en el pozo de mis recuerdos.

Y llegó el amargo septiembre y ocurrió como si julio no hubiese existido, yo de hecho algunas veces pensaba que había sido un sueño, el volvió a salir con mi amiga, y yo acepté seguir con el juego de estar con su mejor amigo. Yo no pude aguantar ni tres citas, tuve que dejarle, aunque jamás le confesé lo que ocurrió en su ausencia, ni por supuesto a mi amiga.

Pero, él siguió con mi amiga, y además tonteando con todas las chicas del instituto. Hasta que un día le pillé a la salida de la clase de baloncesto, besándose con una de clase y la sangre me hirvió de tal manera que no pude hacer más que soltarle una bofetada. Le conté todo a mi amiga, aún sabiendo que la iba a perder, y por supuesto a él también… y hasta hoy, no he vuelto a saber de él.

Eramos la pareja perfecta, no había nadie más en el mundo que quedara tan bien, el lo sabía… y yo… pero como una vez me dijo y yo no quise escuchar hasta su marcha. “No vivirá nadie que me ate a una relación, me gusta ser libre, no me gusta que me digan lo que tengo que hacer, soy quien capitanea mi equipo, quien dirige su pandilla, quien gobierna su vida, creo que eso no se lleva bien con el amor”.

Y así es, el amor es tan intransigente con el egoísmo, que esta relación no podía haberme hecho feliz nunca jamás, él ahora vive solo, según me cuenta mi amiga, que supo perdonarme con el tiempo. Es un multimillonario amargado, triste y solo… pero millonario.

Yo tengo una vida muy normalita… pero soy ¡tan feliz!. Vivo rodeada de gente que me quiere y me cuida, que comparte conmigo los malos y buenos momentos. Y encontré un hombre, que aunque no despertaba en mi esa estúpida pasión que sentía por el canalla del instituto, ha sabido cuidar de mi como si de una verdadera princesa se tratara. Ahora esperamos un hijo, nacerá en agosto, y seré aún más feliz, si cabe.

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