DIA 97: El poder que confiere el amor


Siempre he sido una persona decidida, y segura de mí. Así mismo soy, como buena Virgo, excesivamente perfeccionista, racional y exigente conmigo y con los que me rodean. En mi adolescencia me gustaba estudiar y sacar buenas notas, y siempre he tenido bastante claro por donde quería enfocar mi vida.

Es evidente que la mayoría de los chicos que me rodeaban entonces, “no daban la talla” a mis ojos. Unos porque se “deslumbraban” al ver mi seguridad y me trataban como un objeto de adoración, y otros porque me veían como una adolescente un poco rara.

Como era atractiva no me faltaban chicos a mi alrededor, pero encontrar el amor no era un tema fácil. Los chicos “deslumbrados” no me atraían lo más mínimo. Básicamente porque, a esa edad, el enamoramiento va muy relacionado con la admiración; y es difícil admirar al que “sorbe los vientos por ti”. Con lo que tenía una tendencia natural a sentirme atraída por aquellos un poco “canallas”.

No recuerdo como se llamaba. Es curioso. Tan importante fue en su momento y, sin embargo, ahora no recuerdo su nombre. Aunque sí recuerdo sus inmensos ojos azules… Iba a mi mismo instituto pero en horario nocturno. Coincidíamos cuando yo terminaba mis clases y él empezaba las suyas. Era un amigo de Víctor, compañero de pandilla y de clase que había nacido exactamente el mismo día que yo. Jugaba al fútbol y por ese motivo no era asiduo a nuestras “quedadas” pandilleras.

Sin embargo, al salir yo de clase, él siempre estaba esperando sentado en el muro.  Supuestamente para echarse unas risas con sus amigos antes de entrar a sus clases. Pero siempre intentaba hablar conmigo aunque sólo fuera para decirme… Hola.

Pasó el tiempo y él no se decidía a ir más allá. Y, por mi forma de ser, yo no estaba muy dispuesta a esperar y esperar; y pensé que, quizás, necesitara un “empujoncito”: le escribí una nota cursi explicándole lo que yo sentía. Una tarde, cuando ya se iba hacía su clase, corrí y le di la nota. No quise esperar a ver su cara al leerla. Me di la vuelta y me fui sin esperar respuesta.

Al día siguiente, estaba en el muro pero su cara no era la de otras veces. Me miraba socarronamente, como si tuviera algún poder sobre mí. Cuchicheaba con Víctor. Supe al momento que la había dado a leer mi estúpida nota.

Fue la primera vez en mi vida que me hubiera gustado ser invisible. O poder presionar el botón de rebobinar y deshacer lo hecho. En segundos se me pasaron tantas cosas por la cabeza que me daba vueltas: ¿qué haría si se mofaban de mi?, ¿qué le diría a Víctor si me comentaba algo? y ¿qué pasaría con todo mi amor si él no hacía nada?, ¿qué haría yo con todo ese sentimiento?.  Ni siquiera lo había pensando…

No se mofaron, nadie me comentó nada y él no hizo nada. Dejamos de hablar porque yo no soportaba su cara de suficiencia burlesca cuando se encontraba conmigo. El tiempo pasó y nuestros caminos se separaron. Lo gracioso es que aquello me debería haber servido para aprender a meditar más mis pasos, como siempre he hecho en el resto de aspectos de la vida; pero en el amor, nunca he podido ser “racional”.

Es curioso, como nunca he podido contener mi impulsividad en este tema y como una vez tras otra, ya desde entonces, me he expuesto al dolor emocional sin pensarlo. Quizás porque para mí, el amor es sinónimo de “abandono”, es decir, de tener tal confianza en el otro que puedes bajar la guardia y estar seguro de que no te van a hacer daño. Pero siempre se me olvida evaluar la intensidad del sentimiento en el otro lado. Y cuando amas y descubres tu amor a la otra persona, le das “poder” sobre ti.

Él nunca lo utilizó. No pasó de las miradas socarronas y ciertos comentarios con doble sentido pero sé que podría haberme hecho daño. A esas edades un amor no correspondido y declarado puede ser muy hiriente.

Sólo por eso, puedo recordarlo con simpatía…

Lo gracioso es que la persona que, al final, comparte mi vida es lo menos “canalla” que una pueda imaginar. Es leal, tierno y un “buen tipo”. Quizás sí: las experiencias van enseñando aunque no te des cuenta… Desde la primera.



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