DIA 95: El florista y Roseline


Solo queda un día para el Día del Amor por excelencia, San Valentín, por eso la historia del primer amor de un florista me parecía más que apropiada para la fecha en cuestión.

 

Mi floristería nunca fue normal, cuando digo eso, me refiero a que no era convencional. Cuidábamos tanto la presentación y originalidad de nuestros centros y ramos que desde el principio tuve mucho éxito. Otra característica que nos definía era nuestra máxima discreción hacia los clientes.

El mundo de las flores está muy ligado a la intimidad de las personas, cuando se regala una flor siempre hay muchos sentimientos detrás, incluso muchos secretos inconfesables. Pero bueno, no me voy a liar más y te voy a contar mi primer amor, que es lo que me trae aquí.

Fue un día de San Valentín, la tienda estaba hasta los topes, normal, debido a la fecha. Atendí un pedido a un cirujano que me pidió máxima discreción, se trataba de entregar dos ramos uno a su querida esposa a la que dedicó un poema muy bonito, y otro para Rosaline. Como es habitual, necesitaba saber los apellidos de la entrega. Digo esto porque resultaba que mi amiga de la infancia, de la que siempre estuve enamorado se llamaba así, pero claro mucha casualidad que fuera ella. Pues sí, resultó serlo.

No daba crédito a lo que este canalla estaba haciendo con mi chica. No era la primera vez que atendía un pedido de esta índole, para la esposa y para la amante, recuerdo un tipo que en una ocasión llegó a encargar 4 ramos, para dos esposas y dos amantes. Pero, es que en esta ocasión el ramo de la amante me afectaba a mi, entonces lo vi de otra manera. Era mi chica, aunque ella no quisiera.

Aquella con la que compartí parvulario, colegio e instituto… cines, conciertos, museos, patinaje sobre hielo… y hasta tremendas borracheras. Yo estaba loco por ella, pero estaba convencido de que ella me veía como un amigo y nada más, pero yo no veía a otra mujer en este mundo, nada más que mi Rosaline.

¡Joder!, tenía que decírselo, tenía que decirle que el tipo que ella me contaba se iba a casar y que estaba loca por él, estaba casado. O quizás ella lo sabía, y estaba llevando la relación con la esperanza del divorcio. No, no, podía ser, ella no era de esas. No podía ser.

Dejé todo como estaba en la tienda, aún estando hasta arriba de trabajo, era mi oportunidad, “el amor no se planea”, surge y punto, quizás con este empuje del destino ella comprendería que la quería hasta la muerte, y que no se trataba de amistad, que era amor de verdad el que sentía por ella.

Llegué a la pastelería donde ella trabajaba y la saqué de allí. Y cuando se lo conté, reaccionó tal y cómo me lo esperaba, no me creía. Me hizo darle la dirección de la esposa de su amante, para ir a comprobarlo en persona. Y así hizo, se fue a comprobarlo.

Y regresó… y aterrizó directamente a mis brazos, me dejó que la entregará una bella orquídea roja con una tarjeta como las que rellenaba todos los días en mi floristería, con un enorme “te quiero”, acompañado de una sortija de pedida para pedirle que se casara conmigo. Y hasta hoy, somos la pareja más feliz del mundo, somos amigos, cómplices, amantes, esposos… y todo gracias a un canalla que se equivocó en el lugar en que encargó sus flores traidoras. Desde entonces, no aceptamos pedidos de doble fondo.

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