DIA 62: A los 13 años…


¿Puede el amor llevarnos a perder la cabeza?. O mejor dicho para introducir este relato, ¿puede el amor NO correspondido llevarnos a perder la cabeza?. Un destino dirigido a un lugar no deseado, la tentación vive a la vuelta de la esquina.

El siguiente testimonio lo recogí estas Navidades antes de que acabara el año, justo el día 31, mantendré como es habitual el anonimato de mi querida confidente. Se animó a contármelo tras leer algunas de las historias de mi blog, es la primera historia que surge de esta manera.

“Me enamoré con 13 años de una chaval de la pandilla del chalet que mis padres tenían en la sierra, y al cual subíamos casi todos los fines de semana, vacaciones, días de Fiesta… Nunca me atreví a decirle que me gustaba, no por vergüenza, ni por falta de seguridad, sino por la represión a la que me veía sometida en casa. Mi padre siempre nos hablaba que el amor no existía, que los chicos, todos sin excepción, iban a lo que iban. ¡Qué no iba a saber él!, ¡joder!, “yo, soy un hombre, que me vas a contar que no sepa!. Hija, cuando te llegue el momento lo sabrás, tendrá que ser un chico formal, pedirme tu mano, y todo llegará cuando penséis en matrimonio y se hagan las cosas como tienen que ser. Pero, de todas formas es mejor que salgas con amigas y te dejes de chicos”.

“No te puedes hacer una idea el daño que me han hecho estas palabras de mi padre, siempre he pensado en el amor, relacionado con el sexo, y el sexo con la suciedad, la impureza, y el pecado. Es increíble cómo te puede llegar a afectar una influencia tan negativa como esta. Hasta bien entrados los 25 siempre he dado de lado a los chicos, en cuanto alguno se me insinuaba, o me decía que le gustaba, inmediatamente le daba de lado, le decía que yo no quería saber nada de los hombres o simplemente me hacía la tonta y cambiaba de tema. Me fui viendo cada vez más aislada, ya que mis amigas, todas, habían tenido novios, o rolletes, ninguna era ya virgen hacía muchos años, y ahí seguía yo… que veía que me quedaba para vestir santos, pero era incapaz de mantener una relación normal con ningún chico”.

Y bueno, cuéntame que fue de tu amor de los 13 años… ¿dejaste la pandilla para no verle?. “¡Qué va!, fue peor, uno de los fines de semana que subí a la sierra con mis padres me llevé una compañera del colegio y sucedió lo más cruel que jamás me ha pasado Mi mejor amiga se quedó prendada de él, y él de ella, fue un flechazo irremediable, una puñalada del destino que se burlaba de mi. ¿qué iba a hacer yo para evitarlo?. Entonces tomé las riendas y me decidí a declararle mi amor por él. Los cojí a los dos, por entonces ya teníamos 18 años y se lo dije. Mi amor de los 13 años, se quedó perplejo, no entendía cómo había logrado ocultar durante tantos años mi amor por él. Pero, nada cambió. Mi mejor amiga y mi amor de los 13 años comenzaron a salir, y yo nunca dejé de estar en la pandilla, por lo que tenía que aguantar sus carantoñas, sus besos, sus risas… su amor que mostraban sin compasión ante mi. Yo creo que seguía ahí abrigando a esperanza que algún día lo dejarían y el vendría a mis brazos.

El tiempo pasaba y yo caí en un depresión muy fuerte, entre la maraña mental que tenía por la presión de casa, y los dos tortolitos que tenía que soportar todos los fines de semana, comencé a entrar en una depresión incontrolable, que ni yo misma reconocía, debido al maltrato psicológico constante que sufría por parte de mi padre. Cuando me puse en manos de un especialista, lo primero que empezamos a trabajar fue en la fobia que yo había desarrollado inconscientemente hacía los hombres y las relaciones sexuales. Y acercándose los 22 años, de pronto, un día me levanté, y decidí que se había acabado el sufrimiento, urgentemente tenía que salir a la calle a buscar al hombre de mi vida y perder la virginidad como fuera, me metí una caja de preservativos en el bolso y me convencí a mi misma que tenía que tenía que salir al mercado a buscar carne fresca. Esto ya fue en mi etapa universitaria. Me dije a mi misma que no sería tan difícil ya que “todos” los que me rodeaban ya habría tenido diversas experiencia sexuales, sobre todo cómo decía mi padre los tíos iban a lo que iban con lo cual la tarea de pillar uno que solo quisiera acostarse conmigo no sería difícil. Mientras mi amor de los 13 años seguía con mi amiga, aunque no lo llevaban muy bien, pero, yo había conseguido alejarme un poco de ellos y con mi tratamiento estaba algo mejor.

¡Cuál fue mi sorpresa! Descubrir que no era tan fácil encontrar un hombre que quisiera irse conmigo a la primera de cambio. Comencé a salir con un compañero de la facultad que cuando se lo pedí, le sorprendió mi fría actitud sexual. Me dijo que le gustaba, pero que prefería ir piano, que así sería una historia más bonita, que el no era de los de aquí te pillo, aquí te mato, que estaba realmente enamorado de mi y quería que lo nuestro fuera algo especial. Con lo que comenzamos a salir, y al cabo de unos meses tuve mi primera experiencia, que fue algo increíble, era tan cariñoso, tan amoroso… le recuerdo como alguien fundamental en mi vida, pero no mi primer amor. Ese, seguía con mi amiga, y yo misma les había presentado, les había unido. ¡Pobre, Celestina, inocente y confiada!.

Pero, mi amigo de la facultad seguía insistiendo en que me quería mogollón, me pidió que nos escapáramos, que dejara atrás todo mi historia del de los 13 años, de los malos tratos de mi padre,…y me dejé llevar, porque me sentía tan feliz con él que nada en este mundo me lo quitaría, le quiero y le querré como no he querido a nadie. Así que nos casamos, nos fuimos a un piso los dos solitos y comencé una nueva vida juntos.

Pero, parace ser que el destino no me deja ser feliz y hará un año comienzo a entrar en redes sociales, y me ocurren dos sucesos que hoy me llevan por el camino de la amargura y que me han hecho volver a sumirme en una terrible depresión. Primero descubro, que la “paranoia sexual” que sufría mi padre es debido a que tuvo una hija con 16 años, ilegítima, y me la encuentro en FB, y quedo con ella y la conozco. Y lo más terrible es que vuelvo a reencontrarme con mi amor de los 13 años también en Face Book.

La primera en cierto modo es positiva porque el descubrir el suceso de mi padre, me da una explicación de su obsesión por es pánico que sentía a la promiscuidad sexual y eso me aporta paz, ya que al menos me da una explicación del comportamiento de mi padre y la actitud hacia los hombres que él tenía, pero por otro lado me deja hecha polvo, porque me da la sensación de que perdí toda mi juventud y no pude desarrollar mi vida sentimental y sexual normalmente, debido a las presiones parentales recibidas.

Esa parte de mi vida, con el tratamiento y mucha terapia parece estar superado, ya que mi marido es un amor. Con el que he conseguido recuperar el tiempo perdido y que me ama tanto que no le importa nada de mi pasado, solo quiere vivir el presente junto a mi. Pero, mi amor de los 13 años ha vuelto a aparecer en el panorama de mi vida. Le busqué en FB y le encontré, y ahora me atosiga la idea de reconocerle como mi asignatura pendiente en la vida y en el amor,. Está ahí, además solo, ya que tras años de relación turbulenta con mi amiga, lo dejaron.

¿Y yo qué?, pues aquí sigo felizmente casada, con una hermana nueva no reconocida por nuestro padre común y con un primer amor de los 13 años, que me rechaza, pero me vuelve a coger, con el que constantemente abrigo la esperanza de compartir mesa y cama, que me tiene loca la cabeza, y no me deja vivir. Es como una sensación de haber dejado algo atrás sin terminar, y bailo entre dos aguas. Entre el amor de una niñez-adolescencia que no me dejaron vivir y el amor maduro consciente y real de mi marido que me quiere y me cuida. No sabes lo que duele el preguntarme, cómo habría sido si nunca les hubiera presentado en la casa de la sierra. No sabes lo que duele el pensar que él era para mi desde los 13 años y se lo llevó mi mejor amiga. No te puedes imaginar lo que duele pensar una y otra vez cómo hubiera sido mi primera historia de amor. Pero, no fue y no será, tengo que vivir con ello. Trabajo día a día, en reconocer el amor que siento con mi verdadero compañero, mi marido. Pero, no puedo evitar dejar volar mi alma hacía lo que podía haber sido y no fue.

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