DIA 32: La base aérea americana


Pasado el ecuador del mes, me lanzo con otra historia, que como no, me ha contado una buena amiga. “Estaba con las amigas como todos los sábados en la discoteca, solo salíamos una vez a la semana porque el sueldillo que nos daban nuestros padres no daba para mucho más. Siempre íbamos a la misma discoteca a bailar, era un lugar muy especial, ya que como en Torrejón estaba por entonces la base militar, pues, la música, el ambiente, era, como explicarlo… muy americano. Y así en este American Place, con la música funky, con el soul, con esos cocktails tan exuberantes… apareció él. Claro, en ese momento yo no veía la cara, pero según me contaron mis amigas, se me quedó la cara como si hubiera visto una aparición.

No puedo explicar lo que sentí, pero la sensación no la he podido todavía olvidar y de hecho creo que no la he vuelto a sentir. Me enamoré locamente, era algo prácticamente obsesivo, me pasaba el día entero como embobada, anonadada. No se si era porque me pilló joven, solo tenía 16 años, y el tenía 25 años, no se si fue el uniforme, no se si fue su exuberancia de mulato, su padre norteamericano y su madre india, no se si el hablar con él siempre en inglés, no se, no se, cómo se movía, cómo bailaba, cómo… era todo muy espectacular. Era totalmente distinto a cualquier hombre de los que había visto en vida, y la verdad es que nunca lo he vuelto a ver. ¡Hasta la médula!, me enamoré perdidamente. No entendía cómo se había fijado en mi, no entendía porque me había elegido a mi entre todas las chicas que había en la disco, ¡era tan guapo!, y no es que yo estuviera o esté mal, pero era alguien tan perfecto, como de otro planeta, no podía imaginar porqué se había fijado en mi.

Seguimos quedando, aunque yo siempre me mantuve en mi sitio, porque sabía que cuando terminara su carrera militar en la base desaparecería, me sentía un poco como las chicas de “Oficial y caballero”, nunca llegué a sentir que el sería capaz de dejarlo todo por mi. Sabía que era una historia imposible, nunca confíe en él. No recuerdo cómo fue, porque no suelo archivar los malos momentos, pero me enteré que estaba casado en su país y que tenía un niño. Cuando le pedí explicaciones me dijo que su matrimonio no iba bien y que en cuanto volviera a los Estados Unidos se iba a divorciar. Pero, yo ya empecé a “rallarme” bastante, cada vez que estaba con él, me imaginaba cómo estaría su mujer en su casa, allí, sin saber lo que estaba haciendo el aquí y… ¡para nada!. Le dejé, no pude soportar esa presión. Con el paso del tiempo me he enterado que ciertamente se divorció, intentó contactar conmigo, pero mi madre le dijo que me dejara, que yo ya estaba con otro chico y que era muy feliz y me iba muy bien. Según me han contado intentó suicidarse con un bote de pastillas incluso, que se fue a la Guerra del Golfo. Se ve que entonces descubrió que me amaba, cuando yo estaba fuera de su vida. Quizás, Eva, más que este mulato fuera mi primer amor, creo que fue al revés, yo fui de verdad su primer amor… pero su tiempo pasó, ahora vivo tan feliz con mi gran amor, mi marido y padre de mis hijos”.

La moraleja está clara, ¿no?, solo valoramos las cosas cuando nos faltan.

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