DIA 19: El ángel…


Hay primeros amores que se presentan ante nosotros en forma de ángeles. Que aparecen en nuestras vidas para cumplir su cometido y cómo vienen se van. Es el caso del primer amor de mi amiga J. Al contarme este testimonio J, no podía evitar que sus ojillos azules se llenaran de agua, pero a la vez sus ojos trasmitían una paz y un sosiego inúsual en ella, que es una chica bastante inquieta y un poco alocada.

“Le conocía de pasada, de las kedadas que hacíamos en la Cruz Verde, era más motero que yo, más que nada por la edad, llevaba más años subido a la moto. El ya había pasado de la primera etapa de la velocidad por la velocidad, disfrutaba de su Harley y de la carretera con tranquilidad, paz y sosiego. Siempre que me veía, me advertía “ten cuidado, no corras tanto, a ver si la próxima kedada va a tener que ser en el  hospital”. No es que quedáramos, simplemente nos encontrábamos, como por casualidad. Ahora que lo veo con la perspectiva del tiempo me doy cuenta que realmente era como una ángel que me puso el cielo, porque ¡qué casualidad!, que cada vez que lo necesitaba ahí estaba.

Y así las cosas, ocurrió. Un curva cerrada, unos gramos de grasa en la carretera y yo y mi moto, nos fuimos a freir espárragos. Tres costillas rotas, el peroné fracturado por cuatro sitios, y hospitalizada durante un mes, ¡para haberme mataó!. Un día el teléfono sonó, contestó mi madre, ya que yo me pasaba el día drogada con todos los analgésicos que me inyectaban a todas horas para evitar los tremendos dolores que sufría. Como en la lejanía oí a mi madre que le decía al que estaba al otro lado del teléfono el número de la habitación y el hospital en el que me encontraba”.

Y al caer la tarde, le ví entrar en la habitación del hospital, entre las nebolusas que me provocaban en la visión los analgésicos y alumbrado por esa luz anaranjada del atardecer. Se dirigió a mi, acarició mi cabeza y me susurró al oído “mira que te dije que no quería que nuestra siguiente kedada fuera en un frío hospital”. El analgésico hizo su efecto y yo me quedé dormida. Al despertar a la hora de la cena, aún seguía apostado a los píes de mi cama y no se movió de ahí”.

El mes entero de mi hospitalización estuvo cuidándome, todos los días venía con una flor. De hecho descubrí la cantidad de flores que hay, cada día una distinta, además de una amplia y angelical sonrisa, y me acariciaba la cabeza. Siempre el mismo ritual, mi flor, mi caricia, su sonrisa y su mirada llena de paz.

Poco a poco, fui sanando y cuando me dieron el alta él desapareció. A pesar del accidente, yo seguía subiendo a la Cruz Verde, y preguntaba por él a todos los moteros, su Harley era única, roja fuego y con unas alas blancas de angel rotuladas en el depósito, pero, nadie me daba señas, a todos les sonaba la descripción de la moto, pero nadie sabía donde estaba, ni le habían vuelto a ver después de mi accidente.

Aún hoy, cuando tengo un día de esos malos, y me siento triste, cierro los ojos… y me imagino en el hospital y sigo paso a paso el ritual de mi ángel, mi primer amor. Recibo mi flor, mi caricia, su sonrisa y me quedo mirándole, le imagino… hasta que su imagen poco a poco se desvanece”.

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