DIA 14: El huevo frito.


Ya han pasado dos semanas desde que empecé mi aventura. NO me lo puedo creer. Soy una campeona. Hoy os traigo una historia que me llamó mucho la atención. Como siempre que hago la pregunta ¿me prestas tu primer amor?, la cara del interlocutor es un poema, unos se sonrojan, otros vuelven la mirada, otros… miran hacia arriba y después suspiran. Cada vez la reacción es distinta, pero lo que nunca me podría esperar es la respuesta que me dió mi amiga Z.

“¿Te refieres a mi huevo frito?”. Al principio pensé que era un apodo cariñoso para su amado, pero NO. Su primer amor era un huevo frito, que sí, el que se frie en la sartén con aceitito y que sale de la gallina, ese mismo. “Cuenta, cuenta, Z, por favor”, no puedo esperar ni un solo instante más.

“Tu me conoces, soy una chica bastante mona y la verdad es que siempre he destacado del resto de las mujeres, los hombres se dan la vuelta cuando paso, me caen piropos cada dos por tres, bueno, que te voy a contar que no sepas. Y también como sabrás, son muchos los que han pasado por mi vida. No me han dejado porque no sea simpática, amable, divertida, vamos que rozo la perfección… ¡Qué va!, si es que los he dejado a todos YO, porque me aburrían mortalmente. En cuanto salíamos unas cuantas veces, cines, teatros, museos, restaurantes, ferias… no se ya donde llevarles para que no me aburran”.

Pero, entonces -le pregunté yo- ¿nunca te has sentido atraída por ninguno de tus novios, no has llegado a enamorarte después de todos los tíos con los que has estado?. “Qué va, tía, yo esas chorradas que dicen que estás todo el día pensando en él, que no haces nada a derechas, que estas como en una nube, bueno, y ya lo de las mariposas en el estómago… ¡me parto! la caja, ni de blas!. Mi primer amor, si que fue subliminal, pasional, impresionante, imparable, increible… no había tenido esa sensación de placer ni el mejor de mis polvos, ni en el mejor de los anillos, bolsos y pañuelos que me regalaron mis ligues”

¿Y, no me digas, que fue un huevo frito?. “Claro, pero si ya te lo dije al principio. Tan harta estaba de los hombres, y del curro que tiene una relación, que me apunté a un curso de cocina para super-principiantes, lleno de solteros, divorcidos recientes, viudos… Date cuenta, que he tenido tantas relaciones que siempre me invitaban a comer, cenar y hasta desayunar por ahí, que jamás había cogido una sarten”. ¡Ah! ya lo entiendo, entonces el profe del curso estaba buenísimo, te enamoraste de él cuando te enseñó su huevo frito y por eso ya le apodaste de esa manera, o alguno de tus compis, ¡claro!.

“Que no, que mi primer amor fue un huevo frito, de veras. Mira, la primera clase, la pro-fe-so-ra, que era una tía, ¡bobita!, nos dijo que la última clase del curso era hacer un huevo frito, ya que era lo más complicado de la cocina. Yo no dije, nada, pero para mi pensé que me parecía algo extraño, ya que eso de freir un huevo, yo lo veía super fácil. Así que cuando llegué a casa, después de la primera clase de sofritos y no me acuerdo qué gaitas, intenté freir un huevo, ¡joder!, ¡qué desastre!, a punto estuve de abandonar a la primera. Pero, seguí… todos los días cuando volvía a casa, intentaba freir un huevo, pero… no había manera, ni de churro, era imposible para mi. Y así pasé todo el curso destrozando en mi casa cada día un huevo, y aumentando cada vez más mi frustración. ¡Joder!, con lo bien que se me dan los tíos y lo mal que se me daba esto de los huevos, ¡tiene narices!.

Llegó el gran día, la clase magistral: LOS HUEVOS FRITOS. No sabes lo que fue para mi llegar a casa, tras más de 8 docenas de huevos destrozados y dos meses de clases, coger la sartén, la rasera, el huevo…y siguiendo las instruciones de mi sabia maestra cocinera, cascar el huevo en la encimera, como una profesional, abrirlo, ver cómo se deslizaba tranquilamente hasta entrar en contacto con el aceite hirviendo… ¡uf! qué subidón. Con la espumadera echaba aceitito encima, para acelerar la coción de la parte de la yema. ¡Y por fin!, lo conseguí, el milagro ocurrió. Había creado mi obra de arte: MI PRIMER HUEVO FRITO, mi PRIMER GRAN AMOR.

Resulta que descubrí que decenas de maneras de freir un huevo, ¡flipé!. Se pueden hacer para todos los gustos la yema poco hecha o casi cocida, la clara también, bueno, los huevos fritos con sus “puntillitas” son lo más. Los puedes fundir con la mantequilla o dorarlos con aceite de oliva o incluso con grasita, y sino en la plancha, que así engordan un poquito menos. Y ¿qué me dices de los huevos rotos? hay chefs que se han hecho archi-famosos por romper un huevo, que tiene su maestría ¡eh!. Pero, estos, son solo los tipos más clásicos: los sunny side up de huevo, es decir que se cocina en un solo lado,  pero, también se le puede dar la vuelta y hacer que la yema contacte directamente con la sarten, ¿no te parece totalmente erótico?… pero ya, el que me parece super mono es el que saca su yemita por el circulito que le haces a un rebanada de pan de molde, ¡monísimo!, ese se llama huevo en una cesta”, bla, bla, bla…”

¡Madre mía!, Z estuvo más de media hora diciendo las distintas maneras de cómo se puede freir un huevo, y caí en la cuenta, que a lo mejor tenía razón, que en realidad podría ser su primer amor. Estaba claro porque, era el primero que se le había resistido, nada más y nada menos que dos semanas, era lo primero que hacía en su vida por decisión propia, era algo con lo que estaba dispuesta a comprometerse de por vida.

Z, tiene ahora un restaurante, y adivinad quien es el protagonista de su carta.

Anuncios

One Reply to “DIA 14: El huevo frito.”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s